El partido fue una película de cualquier género clásico, elijan ustedes. De romanos, un western, chico conoce chica, una de superhéroes. Una de esas en las que el final se conoce de antemano. Un visitante noble, valiente, elegante incluso, condenado a salir sin botín de vuelta a casa. El Almería fue todo eso. Un conjunto más que aseado, con un sobrio trabajo defensivo, un eficaz centro del campo y nada de pólvora en los fusiles. El antihéroe, víctima propicia para el Madrid, pese al gris partido de casi todos los blancos.
James mantiene el pulso. El del Madrid y el del equipo blanco por la Liga.
El golazo del colombiano descerrajó un partido que el Almería mantenía encriptado
para los blancos. En el segundo tiempo no hubo más color que el blanco.
Puede que hasta de James, aunque al colombiano le salva el gol
. Un golazo, una volea que destrozó la resistencia andaluza, al filo del descanso, después de que todo lo mejor del primer tiempo, salvo el remate, lo hubieran hecho los visitantes. Aguantaron bien un chaparrón -que no llegó a llovizna- de los blancos en el arranque, le minaron el mediocampo al Madrid (Kroos no pudo levantar solo otro flojo partido de Illarra y Jesé fue una sombra de sí mismo) y llevaron un punto de incertidumbre a la grada. La gente sólo pensaba en el bocata cuando James reventó una pelota suelta contra la escuadra de Rubén. Ahí estuvo el partido. El colombiano fue, de nuevo, alfa y omega de un Madrid que, tras el trajín de Viego, decidió afrontar este envite en servicios mínimos.
En el segundo tiempo casi no hubo partido. Dos Santos contribuyó a la creciente frustración de Ronaldo al hacer, en propia meta, el 2-0. Acababa de reiniciarse el juego, pero el Almería capituló de forma escandalosa. El resto del tiempo se diluyó entre cambios y un rosario de frustraciones para Cristiano, que lleva unos partidos absolutamente desconocido. Más que ofuscado, como le ocurre a menudo, se le ve como ausente. Más que enfadado, triste. Un lujo que el Madrid, con Bale y Benzema en la enfermería, puede pagar muy caro ante adversarios de más fuste. Es decir, justo los que le esperan a la vuelta de la esquina. El sábado, sin ir más lejos.
Urge recuperar al luso, que se llevó el último disgusto de la noche cuando Arbeloa le birló el 3-0. Sólo había que empujar el buen pase de Chicharito, pero el lateral estuvo más vivo. Por lo demás, apenas unas gotas de pimienta de Isco aderezaron un segundo tiempo de difícil deglución, aunque el Madrid logró el objetivo: seguirá incordiando al Barça, al menos, hasta el próximo partido. No es poco, tal y como se dio la noche.
CONTEÚDO : JORNAL MARCA ESPANHA